lunes 9 de noviembre de 2009

El Muro de la vergüenza

La caída del Muro de Berlín, ocurrida el 9 de noviembre de 1989, es uno de los acontecimientos históricos más importantes del siglo XX.


El muro, llamado Muro de Protección Antifascista por los comunistas y Muro de la vergüenza por los occidentales, fue parte de la frontera entre la Alemania Oriental (República Democrática Alemana) y la Alemania Occidental (República Federal Alemana) desde el 13 de agosto de 1961.


El muro, uno de los emblemas más destacados de la llamada Guerra fría se extendía por casi 50 kilómetros que dividían la ciudad de Berlín en dos.


Durante los años de la división entre la Europa del Este y la del Oeste, muchas personas murieron en el intento por franquear, clandestinamente, la frontera entre las dos Alemanias. Si bien el número de personas no se conoce con exactitud, se estiman que fueron 270, incluyendo 33 que murieron como consecuencia de la detonación de minas, las que fallecieron en el intento por pasar hacia la Alemania Occidental en busca de una libertad inexistente detrás de las paredes casi inexpugnables del muro.


Cuando culmina la Segunda Guerra Mundial, en los años posteriores a la caída de Adolf Hitler (30 de abril de 1945), se comienza con la reconstrucción y protección de la Alemania que se había rendido ante las fuerzas de los Aliados y se divide el país en la República Democrática Alemana (RDA) y la República Federal Alemana (RFA). La RDA queda bajo la protección de los soviéticos y la RFA bajo la protección de los Aliados.


Con la intensificación de la Guerra Fría, una guerra diplomática y de amenaza militar constante, las fronteras se fueron reforzando, sobre todo del lado oriental. Con el tiempo la frontera pasó a ser el límite entre dos ideologías políticas opuestas y dos bloques económicos y culturales antagónicos.


Desde el establecimiento de las dos repúblicas alemanas, se incrementó la emigración de la Democrática hacia la Federal, es decir, desde oriente a occidente. En 1952 las fronteras interiores de las dos Alemanias se protegieron con vallas y policías y se creó una zona de 5 kilómetros en la que se podía entrar con un permiso especial y sólo para residentes. Sin embargo, permanecía abierta la frontera entre Berlín del Este y Berlín del Oeste que era muy difícil de controlar. Se calcula que entre 1949 y 1961 casi 3 millones de personas abandonaron la RDA desde Berlín Oriental. Sumado a esto, para los habitantes de la Europa del Este –polacos y checos especialmente- Berlín se transformó en la puerta hacia el occidente. En esos años, unas 50 mil personas de Berlín Oriental trabajaban en Berlín Oeste.


Poco a poco y por circunstancias económicas que no beneficiaban a Berlín Oriental en el tipo de cambio monetario, además de un mercado negro de flujo de mercaderías y de trabajadores, hizo que las autoridades de la RDA pensaran en cortar todo ese movimiento. Comienza a madurar entonces, la idea de la construcción del muro.


El sábado 12 de agosto de 1961, el Servicio Secreto de la República Federal Alemana, recibe la información de que el día anterior “ha tenido lugar una conferencia entre el Secretario del Partido Comunista y otros altos funcionarios del partido. Se declaró que la situación del constante incremento del flujo de refugiados hace necesario el acordonamiento de los sectores de Berlín, no se especificó un día exacto”.


La noche del 12 al 13 de agosto de 1961, se construyó el muro entero y quedó sin construir una pequeña parte fuertemente vigilada por la policía socialista. Se comenzaron a sellar los accesos a Berlín Oeste y se apostaron más de 14 mil hombres de seguridad, entre policías, tropas de frontera y brigadas, quienes estaban preparados para un posible combate en la frontera.


El gobierno de la RDA alegó que era un muro de protección antifascista cuyo objetivo era evitar las agresiones occidentales y argumentando que la construcción del muro era consecuencia obligada de la política de Alemania Federal. Además reconocían que entre otros objetivos del muro estaba el de evitar la emigración masiva de científicos o fuga de cerebros.


Esta visión era compartida por los demás Estados del Pacto de Varsovia, que veían la rivalidad entre las dos Alemanias como un reflejo del antagonismo entre los dos grandes pactos militares de esa época.

El presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, sostuvo que el muro era “una solución poco elegante, aunque mil veces preferible a la guerra”.


El Primer Ministro Británico, Harold Macmillan, declaró que “Alemania del Este detiene el flujo de refugiados y se atrinchera tras un grueso telón de acero. No se trata de nada ilegal”.


El muro llegó a tener una longitud de más de 120 kilómetros. La construcción inicial fue mejorada regularmente. En 1975 comenzó a construirse la cuarta generación de este muro; era de hormigón armado, tenía una altura de 3,6 metros y estaba formado con 45 mil secciones independientes de 1,5 metros de longitud.


Así, transcurrieron 28 años y 87 días, hasta la reunificación de las dos Alemanias, hace 20 años, hecho histórico que fue festejado en todo el mundo.


La apertura del muro, conocida en Alemania con el nombre de die Wende (el cambio) fue consecuencia de las exigencias de libertad de circulación en la ex República Democrática Alemana, y la menor restricción de fronteras entre Hungría y Austria, que había comenzado en agosto de 1989. El debilitamiento de la ideología comunista y los cambios políticos que se avecinaban hicieron precipitar la caída del muro.


El 9 de noviembre los berlineses se enteraron, por los medios, de la apertura de las fronteras y llevaron a cabo la destrucción del muro con todos los medios a su disposición; picos, martillos, cualquier elemento era válido para destruir un símbolo de la dolorosa impronta de la post-guerra. El genial violonchelista ruso Mstislav Rostropóvich, exiliado en el oeste luego de haber abandonado en 1974 la Unión Soviética al haber sido privado –por cuestiones políticas- de la posibilidad de dar conciertos y trabajar, fue al pie del muro a tocar para animar a los que lo demolían. La fotografía de Rostropóvich al lado del muro se volvió famosa.


Esa noche histórica del 9 de noviembre de 1989 dio comienzo a una nueva etapa en lo político, económico y social en toda la población de Europa. Es, sin lugar a dudas, un hito del siglo XX.

Claudio Carraud

miércoles 4 de noviembre de 2009

Homero Manzi, un poeta con mayúsculas


San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo, / Pompeya y, más allá, la inundación, / tu melena de novia en el recuerdo, / y tu nombre flotando en el adiós. / La esquina del herrero barro y pampa, / tu casa, tu vereda y el zanjón, / y un perfume de yuyos y de alfalfa / que me llena de nuevo el corazón.
(Sur, Homero Manzi)


Homero Manzi describía, con su extraordinaria lírica, el barrio de su niñez. Se había criado entre los barrios porteños de San Cristóbal (Boedo no existía como barrio todavía) y Pompeya a principios del siglo pasado y si bien no era nacido en Buenos Aires, la sentía propia y se sentía parte de ella.


Homero Nicolás Manzione Prestera nació en Añatuya, Santiago del Estero, el 1 de noviembre de 1907. Era el sexto de ocho hijos de Luis Manzione, porteño, y de Ángela Prestera, entrerriana -nacida en Concepción del Uruguay-.

Se crió en Añatuya –dónde su padre llegó a ser intendente- hasta los nueve años cuando su madre Angela viaja a Buenos Aires con sus hijos, para que estos puedan estudiar, y en las vacaciones de invierno y verano vuelven a Añatuya, donde Luis Manzione se queda trabajando.

Por esos años, Pompeya estaba coronada por el Puente Alsina que hacía poco tiempo era de hierro y la Avenida Sáenz –continuación de Boedo- era el camino para cruzar el río.

En esas calles se crió Homero Manzione, que se hizo hincha del club Huracán y que desde joven sintió atracción por las letras.

Fue profesor de literatura y castellano en los colegios nacionales Mariano Moreno y Domingo Faustino Sarmiento hasta 1930. Trabajó como periodista en el mítico diario Crítica de Natalio Botana, dónde lucían su prosa Roberto Arlt, Enrique y Raúl González Tuñón, Horacio Quiroga, Ulises Petit de Murat, y tantos otros.

En esa esquina legendaria de San Juan y Boedo, donde funcionaba el bar El Aeroplano –hoy llamado Homero Manzi- se juntaban los escritores referentes del llamado “Grupo Boedo”, al que pertenecía Manzi, y que se contraponía al “Grupo Florida”.

En esos años decide cortar su apellido Manzione y hacerse llamar Manzi, que es como se lo recuerda.

Homero Manzi fue profesor, periodista, poeta, guionista y director de cine. Su calidad poética es insoslayable como letrista de tangos, milongas y valses y, tal vez, el estar tan ligado a la música popular, hace que no sea reconocido -debidamente- como hombre de letras. Manzi estuvo en esa disyuntiva; “en lugar de hacerme hombre de letras, preferí escribir letras para los hombres”, dijo alguna vez.

Tuvo, además, una activa vida política. En 1924, sus tíos Miguel y José Manzione que eran oficiales de policía y estaban en la guardia privada de Hipólito Irigoyen, lo llevan a conocer a don Hipólito y es ahí que se hace integrante de la “Juventud Irigoyenista”.

Estudiando en la Facultad de Derecho conoce, entre otros, a Arturo Jauretche con quien entabla una profunda amistad. El 29 de junio de 1935, Manzi, Jauretche, Scalabrini Ortiz, entre otros, fundan la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (F.O.R.J.A.) En 1939 renuncia a la ficha del comité Radical, desconforme con los momentos que se vivían dentro del partido. Manzi era básicamente Irigoyenista más que Radical.
Años más tarde, cuando conoce a Juan Domingo Perón, simpatiza con el partido Justicialista -aunque nunca se afilia- y cree que Perón es el continuador de la obra inconclusa de Irigoyen.

En su faz de guionista, Manzi, trabajó en conjunto con Ulises Petit de Murat con quien escribe los guiones para varias películas, en la época de oro del cine argentino, como “La guerra gaucha”, “El viejo hucha”, “Su mejor alumno” -una adaptación de “Vida de Dominguito” de Domingo Faustino Sarmiento-, y muchas más.

En 1946 se entera de su enfermedad, los médicos le diagnostican cáncer en los intestinos; tiene varias intervenciones quirúrgicas, pero continúa trabajando fervientemente. Escribe los guiones de varias películas y en 1948 asume como presidente de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC)

Entre sus más de cien obras quizás las más conocidas sean las letras de “Sur”, “Malena”, “Barrio de tango”, “Desde el alma”, “Milonga sentimental”, “Che bandoneón” y “Discepolín” escrita en 1951 y dedicada a su entrañable amigo Enrique Santos Discépolo.
La pista se ha poblado al ruido de la orquesta / se abrazan bajo el foco muñecos de aserrín…/ ¿No ves que están bailando? / ¿No ves que están de fiesta? / Vamos, que todo duele, viejo Discepolín…

Estando internado en el Instituto Costa Buero, en Paraguay y J.E. Uriburu, el 3 de mayo de 1951, Homero Manzi fallece; tenía 44 años.

Como escribió Julio Nudler sobre Manzi; “la letra de tango fue su verdadero elemento, y es hoy la que lo mantiene vivo”.
Sin embargo, Homero Manzi, fue mucho más que eso, fue un poeta con mayúsculas.


Claudio Carraud

jueves 29 de octubre de 2009

Alfonsina Storni, gran poetisa de América

La tarde de primavera cae mansa sobre el patio de la casa colonial. Los visitantes juegan, como adolescentes, para amenizar la reunión. Han elegido jugar a las prendas. Le ha tocado a Horacio tomar un reloj de cadena que pende de su mano en alto. El y Alfonsina deben besar al mismo tiempo las caras del reloj; en eso consiste la prenda. En el momento en que ella acerca los labios, Horacio –rápido de reflejos- quita el reloj y sus labios se encuentran en un beso. Los otros invitados, espectadores de turno, sonríen y festejan la ocurrencia del escritor identificado con la selva misionera. Todos conocen los gustos de Horacio Quiroga -que está cercano a cumplir 44 años- por las mujeres más jóvenes. Todos saben de la atracción que siente Quiroga por su amiga Alfonsina Storni que tiene 30 años en esa primavera.

Quiroga ya es un escritor conocido; ha publicado Los arrecifes de coral, El crimen del otro, El almohadón de plumas, Historia de un amor turbio, Cuentos de amor de locura y de muerte, Cuentos de la Selva y Anaconda. Ya ha vivido en la selva misionera y ha regresado a Buenos Aires. Alfonsina Storni ha publicado La quietud del rosal, El dulce daño, Irremediablemente y Languidez. Comparten con su amigo Quiroga el amor por la literatura, una vida difícil y la lucha por profesionalizar la tarea de los escritores.

Un tiempo después, cuando Quiroga decide volver a vivir a la selva misionera, le pide a Alfonsina que lo acompañe. Esta consulta a su amigo, el artista plástico Benito Quinquela Martín, a quien Quiroga no le caía en gracia. Su respuesta es elocuente:
-¿Con ese loco? ¡No!.

Alfonsina es una mujer admirada y respetada, con una personalidad tan fuerte como para enfrentar sola el nacimiento de su único hijo, Alejandro, en 1912 y criarlo; en una sociedad -a principios del siglo pasado- donde esto era un hecho escandaloso.
En su poema La loba, escribió:
Yo tengo un hijo fruto del amor, del amor sin ley, / que no pude ser como las otras, casta de buey / con yugo al cuello; ¡libre se eleve mi cabeza! / Yo quiero con mis manos apartar la maleza.

Alejandro Storni cuenta en una entrevista realizada por Cecilia Santero en 2003; “Con mi padre yo me llevaba muy bien. Mi padre era un hombre muy bueno y mi madre nunca habló mal de él”. Su identidad se mantuvo siempre en reserva porque era un hombre mayor que Alfonsina, casado y con un alto cargo político. Pero Alejandro lo frecuentó hasta la muerte, ocurrida ocho años antes que la de Alfonsina.

Su vida

Alfonsina Storni nació en Sala Capriasca, Suiza, el 29 de mayo de 1892, llevó el nombre de su padre Alfonso Storni. “Me llamaron Alfonsina, que quiere decir dispuesta a todo”, y cumplió durante su vida con ese legado.

Su familia se radicó en San Juan, durante un tiempo, aunque después viajan a Rosario, donde su madre –Paulina- abre una pequeña escuela domiciliaria. Paulina pasa a ser el sostén de una familia pobre cuando el padre de Alfonsina muere.

En 1907 llega a Rosario la compañía de teatro de Manuel Cordero -director de teatro- que recorría las provincias y Alfonsina, que tiene 15 años por entonces, reemplaza a una actriz que se enferma, y le pide a su madre que la deje viajar con la compañía por el país. Cuando vuelve a Rosario se encuentra que su madre se ha casado y vive en Bustinza, un pequeño pueblo a 70 kilómetros de Rosario.
Alfonsina decide entonces estudiar de maestra rural en Coronda y recibe allí su título profesional. Trabaja como maestra y comienza a publicar sus primeros poemas en dos revistas literarias de la época Mundo Rosarino y Monos y Monadas.

Sobre el final del año 1911 decide viajar a Buenos Aires, tiene 19 años y está embarazada; al año siguiente nace su hijo Alejandro. Trabaja con cajera en la tienda “A la ciudad de México”, en Florida y Sarmiento y comienza a publicar en la revista Caras y Caretas. De a poco va relacionándose con los escritores y periodistas de la época.

En 1916 logra publicar su primer libro; La inquietud del rosal. Por esos años conoce en Montevideo a Juana de Ibarbourou, José Enrique Rodó y Horacio Quiroga.
Ibarbourou cuenta años después de la muerte de la poetisa argentina: “Era joven y parecía alegre; por lo menos su conversación era chispeante, a veces muy aguda, a veces también sarcástica. Levantó una ola de admiración y simpatía. Un núcleo de lo más granado de la sociedad y de la gente intelectual la rodeó siguiéndola por todos lados. Alfonsina, en ese momento, pudo sentirse un poco reina”.

Reconocida en los ambientes literarios y con cuatro libros publicados, Alfonsina interviene en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y participa intensamente en el gremialismo literario. Colabora en el diario Crítica y en La Nación; da clases de teatro y su producción literaria está sujeta a la inspiración, no es una escritora sistemática, pasa mucho tiempo sin escribir y cuando surge la inspiración escribe un libro completo de poemas en poco pocos días.

El 19 de febrero de 1937 su amigo, Horacio Quiroga, se suicida tomando un vaso con cianuro y muere en la pobreza y en la más absoluta soledad.
Alfonsina conmocionada por este hecho, y tal vez presagiando el final que le espera a ella misma, le dedica unos versos:
Morir como tú, Horacio, en tus cabales, / y así como en tus cuentos, no está mal; / Un rayo a tiempo y se acabó la feria…/ Allá dirán. / Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte / que a las espaldas va. / Bebiste bien, que luego sonreías… / Allá dirán.

Su muerte

Alfonsina había sido operada de un cáncer de mama el 20 de mayo de 1935. La mastectomía le dejó grandes cicatrices y secuelas emocionales. Convive con la enfermedad los años que siguieron. En enero de 1938 el Ministerio de Instrucción Pública del Uruguay organiza un acto que reunió a las tres grandes poetisas americanas de esos años. Alfonsina Storni (argentina) es invitada junto a Juana de Ibarbourou (uruguaya) y Gabriela Mistral (chilena).

A mediados de ese año aparecen Mascarilla y trébol y una antología de sus poemas preferidos.

Su enfermedad avanza, ya ni siquiera puede escribir. El 23 de octubre de 1938 viaja a Mar del Plata. En su cabeza ronda la idea de la muerte y del mar; ese mar que ha evocado en muchos poemas y que siempre le ha dado curiosidad.
Quisiera esta tarde divina de octubre / pasear por la orilla lejana del mar; / que la arena de oro, y las aguas verdes, /y los cielos puros me vieran pasar / (…)
Con el paso lento, y los ojos fríos / y la boca muda, dejarme llevar; / ver cómo se rompen las olas azules / contra los granitos y no parpadear; /ver cómo las aves rapaces se comen / los peces pequeños y no despertar / (…)


Alfonsina decide no esperar la muerte sino salir en busca de ella. Así como siempre ha tomado decisiones en su vida, también quiere decidir su muerte; el día y la forma. Escribe el poema Voy a dormir que envía al diario La Nación y una carta para su hijo. El 25 de octubre, alrededor de la una de la madrugada, deja una nota en la habitación del hotel que anuncia su decisión y se tira al mar desde una escollera donde hoy se yergue un monumento a su memoria.
La mañana en que sale publicado su último poema, unos pescadores encuentran su cuerpo en la playa. Esa tarde, los diarios titulan “Ha muerto trágicamente Alfonsina Storni, gran poetisa de América”.

Claudio Carraud

ccarraud@hotmail.com


Diálogos con Carlos Mastronardi, el último libro de Elsa Serur

El nocturnal ambiente favorece el diálogo con la sombra de Mastronardi, diálogo que Elsa recoge en la habitual destreza de su escritura, llevándonos a conocer la intimidad del poeta con palabras precisas y elocuentes.
(Emma Barrandeguy, abril de 2005)

Elsa Serur presentará el próximo viernes 23 de octubre a las 20.30 en el Club Social de Gualeguay su libro Diálogos con Carlos Mastronardi, editado por la Universidad Nacional del Litoral. El acto contará con la presencia, además de la autora, de Laura Erpen, Luis Alberto Salvarezza y Eise Osman.

“El libro habla sobre los amores de Mastronardi a partir de las cartas escritas por las mujeres que lo amaron y que él me entregó pocos días antes de morir. Y algunos diálogos que rescatan su posición frente a la vida y el arte”, afirma la autora de este libro que promete hacernos conocer al gran poeta gualeyo en una faceta más íntima.
Sobre las expectativas que tiene con este libro, Elsa sostiene “de que se conozca mejor a nuestro gran poeta, porque a través de este libro se conoce el contexto donde se desarrolló su vida y la influencia de la misma en su obra”.


- ¿Cómo nace la idea del libro?
- La idea del libro nace porque si él nos confió sus cartas era para publicarlas y que no se perdieran sus recuerdos. Además, su única familia que era su sobrino Jorge Lecuna, me pidió que las publicara.


Elsa Serur y su esposo Eise Osman conocieron íntimamente a Carlos Mastronardi. “Lo conocimos en el café Tortoni, en Buenos Aires, por intermedio de un amigo. Desde mi época de estudiante admiraba a Mastronardi y Borges; y cuando tuve la suerte de conocerlo, de ser invitados por él para compartir un café en el Tortoni para mí fue muy gratificante, cuenta Elsa. Además, gracias a él conocimos a Borges. Ya no recuerdo la fecha pero nosotros éramos muy jóvenes y él ya era una persona mayor. A pesar de la diferencia de edad, nos hicimos muy amigos y nuestra amistad se fue profundizando cuando vivíamos en Holt y recibimos una extensa carta donde elogiaba los poemas de Eise, que luego prologó. Y vino a nuestra casa para leer la última prueba de galera; el libro se llama Poemas”.


-¿Cómo era la personalidad de Mastronardi?
- Era una persona muy sensible y con agudo sentido del humor, con una fina ironía. Su trato era selectivo, según la calidad intelectual de las personas que compartían sus códigos. Con el resto de las personas era amable pero poco dado a las confidencias.

“Mastronardi era un gran poeta, reconocido a nivel mundial, afirma Serur. Esto lo atestigua Eugene Montale, Premio Nobel de Literatura, que llevó a analizar, a una tertulia literaria en Florencia, la poética de Carlos Mastronardi; según cuenta César Tiempo. Después de esto podemos deducir cual es la importancia de Mastronardi en la literatura no solamente entrerriana sino mundial. Borges reconocía en Mastronardi un poeta que podía tomarse algunas licencias literarias, comparándolo con poetas de renombre mundial.”

- ¿Cómo lo recuerda?
- Lo recuerdo como un gran amigo. Intelectualmente –junto a Eise- compartimos muchos momentos de interés mutuo, en largas charlas donde intercambiábamos ideas sobre literatura y filosofía. Su comprensión del arte era apolínea; es decir equilibrado, coherente, dejando traslucir una ultraconciencia –en el caso de Valery y Mastronardi que no creían en el vitalismo, como creía Bernard Shaw- que denota de alguna manera un cierto equilibrio de la forma. Y la nuestra era dionisíaca; lo dionisiaco es la desmesura que se apoya en lo vital y tiene como fondo la tragedia según Nietzsche. Pero, de todas maneras, logramos conciliar en una síntesis ambas posiciones.

- Leí que Mastronardi tenía fobia a la luz, que era un personaje nocturno, ¿es cierto esto? ¿No se contrapone en algunos aspectos con su obra poética?
- Creo que de ninguna manera se contrapone la noche con el poeta, y Mastronardi, como el gran poeta Novalis, disfrutaba “la noche mística”. Recuerdo que en una ocasión nos visitó y fue invitado a compartir un asado en el balneario, y nos confesó su miedo al sol. Por supuesto que no fuimos y nos quedamos en casa, compartiendo una tallarinada.

Mastronardi vivió un tiempo en la casa de Elsa Serur y Eise Osman, antes de morir el gran poeta – tal vez por agradecimiento o en nombre de esa gran amistad- les legó su obra. “El quedó muy solo cuando murió su compañera Eduardita; esto se aclara leyendo las cartas del libro. Compartió una gran amistad con nosotros dos y confiaba en nosotros.”

Claudio Carraud

ccarraud@hotmail.com









Fernando Sturzenegger, “la fotografía es parte de mi mundo”

“La fotografía es, en un mismo instante, el reconocimiento simultáneo de la significación de un hecho y de la organización rigurosa de las formas, percibidas visualmente, que expresan y significan ese hecho”.
Henri Cartier-Bresson, (1908-2004)

Henri Cartier-Bresson, fotógrafo francés, sostenía que el instante de fotografiar -ese momento único- se trataba de poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo momento en el que se desarrolla el clímax de una acción.

Para Fernando Sturzenegger la fotografía es una forma de vida y no caben dudas de que pone la cabeza, el ojo y el corazón en cada una de ellas. “Es parte de mi mundo, hoy no podría estar sin hacer fotos periódicamente. Es lo que soy: fotógrafo…”





Sturzenegger ha ganado varios premios y menciones en un corto lapso de tiempo dedicado a la fotografía, lo cual habla de un futuro promisorio.
“Siempre he pensado que los premios no nos hacen mejores ni peores en lo que hacemos. Pero el hecho de participar en concursos es una buena unidad de medida para valorar mejor nuestros trabajos y más aún si los jurados son gente reconocida. Fui finalista entre los 10 mejores de mi categoría y entre unas 3500 fotos en el Sony World Photography Awards 2009 en Cannes, y uno de los dos argentinos que obtuvieron mención en las 8 categorías que involucraron a 200 países del mundo. Además fui foto del año 2008 en una de las webs más importantes de fotografía en España que es Dzoom. También fui cuarto en foto del año 2008 en Fotorevista Argentina y fui finalista en el 2007 y segundo en el 2009 en el concurso “El fotón” de España. Fui finalista en el concurso “Ecoloquia” en el 2008 de Argentina y gané una convocatoria de Fotorevista con la temática “escaleras” con una foto de nuestra conocida torre del barrio Molino.”

- ¿Cuánto tiempo hace que comenzaste con la fotografía y por qué?
- Siempre admiré fotografías de autor sin entender bien qué las hacía distintas. En el 2006 empecé a leer un poco del tema y en el 2007 compré mi primera cámara compacta y empecé a participar de foros y probar técnicas. Lo hago porque he descubierto una forma de escapar, sentirme mejor y expresar en una imagen lo que soy y siento. Y es algo que vivo con mucha pasión junto a mi mujer Patricia, ella también es fotógrafa.

- ¿Qué tratás de mostrar a través de tus fotos?
- Eso se condice con diferentes estados de ánimo. Generalmente salgo con la cámara en búsqueda de cualquier lugar o escenas que me llamen la atención; mucho tiene que ver la hora, la luz, la época del año. Tomar una fotografía es un momento de vaciamiento de la mente y vuelo de la imaginación. Mayormente intento magnificar con un encuadre o ajuste determinado la impresión que ese lugar o momento me causó. Es así como nace una foto de Puerto Ruiz con aspecto casi sórdido, pero con vestigios de luz aquí y allá, los mismos vestigios de luz que brillan con la esperanza de que el viejo puerto vuelva a renacer algún día.




A Fernando le gusta mucho más hablar de sus obras que de él mismo; considera que la obra es lo más importante, no su autor. “Soy de Gualeguay y también vivo y trabajo aquí como trabajador de oficio, soy hijo de colonos que labraban tierras de sol a sol en precarias condiciones. Nací en el mes de octubre de 1966, hice la primaria en la escuela Juan José Castelli y la secundaria en la escuela Normal, y algún intento de nivel terciario”.

- ¿Sos autodidacta en la fotografía?
- Soy totalmente autodidacta, aprendí fotografía primero observando todas las fotos que podía y luego leyendo sobre técnicas, estilos, ajustes determinados o adecuados para tal o cual toma y nunca me he sentido limitado para lograr un objetivo.

Sobre sus referentes o los fotógrafos a quienes admira, Sturzenegger afirma que “los gustos van y vienen, los fotógrafos clásicos son de admirar, como Cartier-Bresson y Ansel Adams; aunque hoy día hay muchos fotógrafos destacados por sus trabajos como Michael Keena y su fotografía minimalista, y algunos retratos del joven Joel Lawrence; también admiro la fotografía intervenida del argentino Mariano Villalba”.


- ¿Qué diferencias existen entre la fotografía tradicional y la digital?, sobre todo con el tema de los retoques…
- No existen mayores diferencias, todos los que se animaron retocaron sus fotos como los autores que nombré. Ya en el año 1948 el fotógrafo Phillippe Halsman creó la obra “Dalí Atomicus” en la que se ve a Salvador Dalí flotando con tres gatos y un chorro de agua –producto del cuarto oscuro-. Creo que las discusiones con respecto al retocado o no, pasan principalmente por los límites de cada uno y la aceptación o no; es lógico por el período de transición entre lo analógico y lo digital. Nada de eso tiene que ver con una verdadera obra de arte. Yo proceso todas mis fotos algunas para simplemente ajustar sus niveles y otras con mucho más que eso, dándole una luz aquí o allá o quitándola, según mi visión del trabajo. Desde ya, una foto digital en blanco y negro es una foto procesada.


- ¿Cómo se da –en tu caso- el proceso creativo? ¿Qué te mueve a sacar una foto o a conseguir una imagen única?
- Se trata de salir con la cámara a divertirme. Trato, con la fotografía, de justificar mi vida después de las obligaciones y el trabajo. Ver a través de una cámara es increíble; uno congela para siempre momentos que pasan desapercibidos para la mayoría. Depende el valor que uno le de a los momentos y lugares, hacen una imagen única. Se trata de levantar la vista, ver más allá de nosotros y nuestras preocupaciones.

Fernando Sturzenegger no ha exhibido sus fotos en público salvo en foros; webs especializadas o en su blog (http://www.plan55gualeguay.blogspot.com/) llamado “Fotos de Gualeguay. “Tengo invitación de gente de otras ciudades pero recién estoy armando mis primeros enmarcados y claro que me gustaría mostrar mis fotos aquí. Pero Gualeguay mayormente promociona a quien puede costearse su arte, algunas veces sin tener presente el nivel de lo mostrado. Pero reconozcamos que para que algo trascienda o guste, primero hay que mostrarlo y hoy día Gualeguay es una de las pocas ciudades que todavía no ha tenido su concurso de fotografía, siendo que en muchos hogares existe una cámara. Y si querés que alguien ame algún tipo de arte, primero tenés que enseñarles de qué se trata”.

Claudio Carraud

ccarraud@hotmail.com

viernes 9 de octubre de 2009

Nacho Calandria presenta su primer álbum solista "Aquellos días"

El viernes 9 de octubre a las 21,30 en el Club Barrio Norte


Nacho Calandria presenta su primer disco solista. Nacho no es otro que Ignacio González, del dúo Calandria. “Soy Ramón Ignacio González, pero tantos años de Calandria me han rebautizado para todos; por eso elegí ese nombre artístico ¡si así podemos decirle!”, afirma el cantor haciendo su propia presentación que casi ni hace falta porque es un hombre que se ha ganado un lugar en la música entrerriana después de tantos años de subir a los diferentes escenarios de la provincia.

“Canto hace más de treinta años, desde la escuela primaria y he recorrido un largo camino integrando coros, octetos, dúo…”

- Notás una maduración como artista…
- La maduración me la ha dado la experiencia, siempre falta algo… o algo más, pero soy un cantor de oficio y me gusta llegar al corazón de la gente más que al oído.

- ¿Cómo surge la idea del disco solista?
- Hace más de veinte años que vengo escribiendo canciones, algunas de las cuales interpretamos con mi hermano y teniendo una cantidad suficiente como para hacer dos discos empecé -en un principio- con este trabajo, recopilando las cosas más sentidas. El disco solista era un sueño y lo estoy realizando.

El álbum se llama “Aquellos días”, y fue grabado en el mes de agosto en el Estudio Río de la ciudad de Diamante para el sello discográfico Graff Producciones, dos marcas muy reconocidas en Entre Ríos. “Lo grabé en el mes de agosto, en la misma semana que Antonio Tarragó Ros estaba poniendo la voz a su propio trabajo en ese estudio”.

- ¿Qué expectativas tenés con este disco?
- Cada vez que uno graba un disco se generan un montón de expectativas, muchas de ellas se van concretando y otras apagando. Espero que sean más las encendidas que las otras…

El álbum Aquellos días tiene doce canciones; Del otro lado de la orilla, sobre el conflicto de las pasteras en Fray Bentos; Por mi fe, dedicada al gauchito Gil; La máquina negra, sobre los trenes que ya no funcionan; Ramona Sola; Homenaje a los gringos; Aquellos días, “que da nombre al CD y es una remembranza de mi niñez”; Palos en la rueda; Que te pasa río; La cuarenta treinta y cinco, “en homenaje a mi abuela”; El bochazo mal pegau; Luna de enero; y Desempérrese, “dedicada a un amigo que es séptimo hijo varón”.
“La letra como la música de los temas del CD me pertenecen y pretendo que a partir de la presentación le pertenezcan a todos quienes gusten de escucharme”, afirma Nacho con las expectativas puestas en el próximo jueves 9 de octubre, cuando a las 21.30 en el Club Barrio Norte suba al escenario para poner a consideración del público Aquellos días.

En un principio, se supo que la presentación iba a ser en el Teatro Italia, pero en la semana hubo un cambio en cuanto al lugar elegido. “La presentación se hace en el Club Atlético Barrio Norte, no se concretó lo del Teatro Italia debido a ciertas diferencias que tuvimos con la comisión a la hora de ajustar detalles del espectáculo”, cuenta el cantor. “Pretendía ofrecer un vino de honor a quienes iban a la presentación, muchos de ellos amigos y parientes que vienen desde otras ciudades, pero la Sociedad Italia no aceptó esto. Bueno…Barrio Norte me ha ofrecido todas las condiciones necesarias para un acto cultural de índole popular, bien nuestro, y estoy muy contento. Mi público, además, no llega a tener zapatos bien lustrados para acceder al teatro. No hay mal que por bien no venga, son lindas las alpargatas para poner los pies sobre la tierra”.

- ¿Quiénes colaboraron en disco?
- En acordeón y teclado Jaime Cardozo, en bajo Diego Morgan, músico invitado en percusión Claudio Kadur de Diamante y Ricardo González en guitarra base; eso respecto a la parte musical. El diseño gráfico del disco lo hizo Mariano Dunat, los ajustes gramaticales de las letras la profesora Laura Erbes; las fotos son de Julio Montana y el esfuerzo familiar –ellos- que siempre están, incondicionalmente.

Claudio Carraud

ccarraud@hotmail.com


Marcos Sastre, una vida dedicada a la cultura y la educación

Marcos Sastre es, tal vez, uno de esos personajes de la historia relegados, olvidados, o por lo menos no tan reconocidos como debería. Fue el mayor propulsor de la educación pública, antes que Domingo Faustino Sarmiento.

Sastre -educador, periodista, escritor, librero y pintor- fue un hombre indiscutiblemente ligado a la cultura argentina aunque sin ser argentino de nacimiento.

Marcos Sastre nació en Montevideo el 2 de octubre de 1808 (algunos autores lo dan nacido en 1809, es decir que el viernes próximo se cumplirían 200 años) y en la capital uruguaya pasó sus primeros años de vida. Cuando tenía 8 años, su familia se trasladó por un corto tiempo a Concepción del Uruguay y luego a Santa Fe. Estudió en el colegio Montserrat de Córdoba y en 1827 obtiene una beca para estudiar dibujo y pintura en Buenos Aires. Cuando vuelve a Córdoba se doctora en Filosofía.

En 1831 se casó con Jenara de Aramburu, con quien tuvo 12 hijos. Por estos años Sastre se dedica a la atención de su familia aunque se empieza a vislumbrar al Sastre educador de los años venideros.

Con un profundo apego a los libros abre, hacia 1833, la “Librería Argentina” en Buenos Aires que con el tiempo dio sus frutos. Sastre logra ampliar el local y en 1937 funda el “Salón Literario” donde había una importante biblioteca que se podía consultar; allí se reunían periódicamente los miembros de la sociedad culta de Buenos Aires. En este lugar se concurrían escritores e intelectuales de la época que brindaban conferencias y charlas. Juan Bautista Alberdi, Vicente Fidel López, Juan María Gutiérrez, José Mármol, Esteban Echeverría fueron algunos de los que pronunciaron un discurso el día de la inauguración del “Salón Literario”. Ese día, Marcos Sastre realizó una alocución que tituló “Ojeada filosófica sobre el estado presente y la suerte futura de la Nación Argentina”.

El “Salón Literario” tuvo una vida efímera, ya que al año siguiente, por cuestiones políticas –en pleno régimen rosista- se anunció el cierre de la librería y del salón. Sus integrantes se reagruparon en una sociedad secreta llamada la “Asociación de Mayo” que logra influenciar el desarrollo político y cultural de esos años.

Luego del cierre de la librería, Sastre se retira a vivir a una quinta de su propiedad en la localidad de San Fernando, cerca de Tigre, en la provincia de Buenos Aires, donde se dedica a su familia y a la pintura. Para poder vivir, se dedica a cuidar su huerta y a la crianza de ovinos. De ahí proviene su libro “De la cría de las ovejas y refinamiento de las lanas” (este libro fue traducido al alemán en el año 1837), y funda una de las primeras escuelas de la zona de San Fernando dedicada a promover la lectura entre los más jóvenes

Por esos años, viviendo cerca del delta, con la impronta cotidiana de la naturaleza, concibe la idea de escribir su obra máxima llamada “El Tempe Argentino”, que vería la luz muchos años después, en 1858, aunque Sastre ya había dado a conocer algún escrito sobre el delta argentino.

Sus libros
“El Tempe Argentino” es una obra científica sobre el delta y tuvo en su época más ediciones que el “Facundo” de Sarmiento. El libro, de una enorme repercusión entre los hombres de letras del momento, fue ilustrado por el mismo Sastre con bellos grabados e incluyó poesías, como la escrita por Bartolomé Mitre, dedicada al ombú.

“El Tempe Argentino” escrito con una prosa cuidada, es una obra destacada por sus contenidos. Algunos estudiosos han puesto a Marcos Sastre a la altura de otros grandes naturalistas como Francisco Javier Muñiz y Guillermo Enrique Hudson.

Tempe es un valle de Grecia, en la región de Tesalia, situado entre los montes Olimpo. Tradicionalmente se le llama Tempe a la sección inferior donde el río Peneo formaba una laguna y en la actualidad forma un pequeño delta antes de desembocar en el mar Egeo. Este lugar es de una notable belleza paisajística; Marcos Sastre hizo un paralelismo entre ese delta y el delta argentino y de ahí el nombre de El Tempe Argentino para denominar al delta del Paraná.

Nueve años antes de escribir “El Tempe Argentino”, Marcos Sastre publicó, en 1849 cuando vivía en Santa Fe, la primera edición de la “Anagnosia”. La Anagnosia es un método para aprender a leer rápidamente, cosa que Sastre consideraba muy importante ante el analfabetismo existente en el país. Fue libro de texto en las escuelas de Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires. Sus ediciones se sucedieron rápidamente hasta llegar a imprimir varios centenares de miles. Hasta comienzos del siglo pasado, la Anagnosia se empleaba en las escuelas para aprender a leer.

Marcos Sastre en Entre Ríos
Hacia 1849, Marcos Sastre emigra hacia Santa Fe donde el gobernador Pascual Echagüe lo recibe. Allí redacta el prospecto del Colegio San Jerónimo y se dedica al periodismo. Un año más tarde es nombrado Inspector General de Escuelas de la Provincia de Entre Ríos, por el general Justo José de Urquiza. Bajo este cargo organiza colegios de varones y mujeres y escribe el Reglamento General para las escuelas de educación en Estados de Entre Ríos (Concepción del Uruguay, Imprenta del Colegio, 1852). En este documento se expone por primera vez en el país, en forma orgánica, un concepto de educación y de la función de la escuela.

Continúa por esos años con su labor periodística, pues se le encarga la responsabilidad de la redacción de “El Federal Entrerriano”.

Luego de la batalla de Caseros, cuando Urquiza entra en Buenos Aires, Sastre es designado director de la Biblioteca y Regente de la Escuela Normal, pero un tiempo después es encarcelado -por un breve tiempo- debido a una acusación política y debe dedicarse a dar lecciones privadas para poder subsistir.

De vuelta en Buenos Aires
Hacia 1856 cuando Sarmiento es designado Jefe del Departamento de Escuelas, el Gobernador Valentín Alsina nombra a Marcos Sastre Inspector General de Escuelas. Es ahí cuando, desde su cargo, se vincula y colabora con el autor de “Facundo”.

Sastre fue miembro de la Sociedad Amigos de la Historia Natural, del Instituto Histórico Geográfico, del Consejo de Instrucción Pública, Director de Escuelas de la Municipalidad de Buenos Aires y Decano de la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas, cargo que deja en 1877.

Años más tarde, vuelve a abrir una librería en Buenos Aires, hacia 1891, y al año siguiente es designado, por el Presidente Julio Argentino Roca, Miembro del Consejo Nacional de Educación.

El 15 de febrero de 1897 Sastre fallece en una quinta del barrio de Belgrano en Buenos Aires. Sus restos fueron depositados en el segundo cementerio que tuvo la ciudad, dónde hoy está la plaza que lleva su nombre en el barrio de Villa Urquiza.

Marcos Sastre será recordado por tres aspectos de su vida; como educador, como creador del “Salón Literario” y como autor de la “Anagnosia” y “El Tempe Argentino”.
Claudio Carraud